Green Building Council España

Jean-Louis Yagüe, gerente de Red Petrae

Hay materiales que trascienden el tiempo. La piedra maciza no es solo un recurso constructivo: es historia, memoria, esencia. Ha sostenido imperios, ha dado forma a ciudades, ha sido testigo silencioso del paso de las generaciones. Y, sin embargo, hoy la tenemos prácticamente olvidada, como si su papel hubiera quedado definitivamente anclado en el pasado.

Pero ¿y si volviéramos a ella? ¿Y si en plena emergencia climática redescubriéramos lo que siempre estuvo ahí, ofreciéndonos su solidez, su belleza atemporal, su sostenibilidad sin artificios?

La piedra maciza no necesita demostraciones. Está en los monumentos que admiramos, en las calles de Roma, París, Salamanca o Toledo, en las fachadas que han resistido siglos sin perder un ápice de su esplendor. Nos conecta con nuestras raíces de una manera ancestral, casi instintiva, como si formara parte de nuestro propio ADN.

Aun así, en el último siglo, su presencia en la construcción se ha desdibujado. De ser la gran aliada de la arquitectura, ha pasado a ser su gran “olvidada”. Paradójicamente, en el momento en que más necesitamos materiales naturales, ecológicos y sostenibles, la hemos relegado a un papel más que secundario.

Y sin embargo, la piedra sigue ahí. Debidamente fabricada y a la espera que el mundo vuelva a necesitarla. Porque ningún material industrial ha logrado igualar hasta hoy su resistencia, su capacidad de embellecer con el tiempo, su nobleza. No necesita ser revestida ni tratada, no requiere mantenimiento, y sigue siendo, a la larga, más eficiente y económica que muchos materiales estructurales modernos de mayor impacto medioambiental.

Entonces, ¿por qué no volver a construir con piedra maciza? No hay excusas reales. Es un recurso abundante, asequible y, gracias a la tecnología actual, más fácil de trabajar que nunca antes en la historia. Pero más allá de la técnica, lo que realmente necesita es volver a ser comprendida, valorada, amada.

Algunos arquitectos ya lo están haciendo. Proyectos como el Parlamento de Malta de Renzo Piano, el edificio de piedra portante en la rue Oberkampf de París o la ampliación del Ayuntamiento de Murcia de Rafael Moneo demuestran que la piedra maciza no es cosa del pasado. Es presente. Es futuro. Quizá sea el momento de recuperar lo que nunca debimos dejar atrás. Porque la piedra tiene la capacidad de convertir una obra en un legado atemporal. Porque su belleza no es efímera, sino eterna. O simplemente porque, como alguien a quien apreciaba profundamente solía decir: «La piedra siempre será la piedra.»

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