Green Building Council España

EmiIio MIGUEL MITRE

Una de las posibilidades que me imaginé hace cierto tiempo que, de manera bastante plausible pudiera darse (referente: La Lista de espera, marzo de 2021, publicado por El Economista), fue que la demanda de la rehabilitación apareciera de manera abrupta como consecuencia de las buenas condiciones de los popularmente conocidos como “fondos nés”…

(o sea la cadena Fondos NextGenerationEU – MRR (Mecanismo de Recuperación y Resiliencia / Plan España Puede (Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia PRTR) – Real Decreto 853/21 de 5 de octubre – convocatorias de las Comunidades Autónomas)

… más que nada porque así son estas cosas, como demuestra la experiencia: cualquiera que haya vivido un poco sabe que, después de empujar durante treinta años las cosas al final suceden de golpe.

Allí argumentaba que en este caso resultaría conveniente una lista de espera… por razones buenas para los ciudadanos que quieren rehabilitar (para saber las perspectivas que hay o “cómo va lo suyo”), para los que prestan el servicio de la rehabilitación por el aseguramiento del mercado que sin duda favorecería el flujo del dinero, para los que quieren trabajar en ello porque así verían un futuro, y tal vez para muchas otras cosas, pienso ahora que releo el artículo de hace tres años justos.

Llevamos algo menos, pero también cierto tiempo diciendo que es muy importante buscar una transición de esta etapa fuertemente subvencionada a la etapa de mercado abierto de “después de los fondos nés”, momento que todos veníamos pensando que llegaría como a mediados de 2026.

Pues bien, aunque no tenemos datos oficiales -y la verdad es que este conocimiento a nivel nacional resultaría pero muy que muy conveniente y necesario- sí que vamos conociendo, de manera más o menos oficiosa, que en unas cuantas Comunidades Autónomas las solicitudes de subvención a los “fondos nés” superan ampliamente los dineros disponibles, llegando a situarse en algún caso cinco veces o más por encima de ellos.

Estos casos vienen a querer decir que podría darse la circunstancia de que ya no hubiera más convocatorias de “fondos nés” o sea, en otras palabras, que aquella oportunidad que estaba abierta y para la que todo el mundo pensaba que todavía había cierto tiempo, en realidad ya está cerrada.

Quiere decir también que, incluso en el caso de que se retiren algunas solicitudes, va a haber muchas comunidades de propietarios (la entidad crucial en este asunto) en grave riesgo de quedar fuera.

Y por último, como seguro que también hay muchas comunidades de propietarios que ya habían decidido aprovechar la ocasión (aunque no hubieran llegado a presentar la solicitud), podría venir a significar el derrumbe de una demanda incipiente.

… con todo lo que esto significa, porque lo más difícil, que era conseguir que las comunidades de propietarios tomaran la decisión, o por lo menos que se encontraran en disposición, algo que ya se ha conseguido, con el denodado esfuerzo de muchos cientos, probablemente miles de agentes rehabilitadores, es algo también que puede perderse en un santiamén, porque también así es como suceden estas cosas, especialmente cuando hay algunos vecinos que trabajan activamente en que esto sea una profecía (ya sabía yo que esto iba a salir mal), dándoles lo mismo si es autocumplida.

Esto es algo que no puede suceder, porque la rehabilitación masiva es un proyecto de país, necesario para alcanzar los objetivos de descarbonización a 2050 y el más cercano de la Misión Ciudad Climáticamente neutra a 2030, y en este sentido nos encontramos ante el reto de una obligación nacional, en el que todos tenemos que poner lo que esté de nuestra parte.

En REBUILD, este 20 de marzo, en el stand de la Junta de Castilla y León organizado por AEICE y la Junta de Castilla y León, en la discusión sobre rehabilitación a la que fui invitado (y a la que pertenece la foto) hablando del “elefante en la habitación” que era el argumento de la discusión,  comenté que mi elefante favorito es la propia edificación como verdadero sujeto socioeconómico y ambiental, al menos en teoría capaz de crear modelos de negocio basados en su calidad ambiental superior… algo que por regla general pasa desapercibido porque cuando se habla de eficiencia energética hay muy pocas personas que piensen en edificios, y no en máquinas.

María Pardo, Directora General de Vivienda, Arquitectura y Urbanismo de la Junta de Castilla y León; Javier Martín Ramiro, Director General de Vivienda del Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana; Juan Carlos Delrieu, Director de Estrategia y Sostenibilidad de la Asociación Española de Banca; Alfredo Cadórniga, Responsable de Área en el departamento de Surbvenciones y Registros del EREN, Ente Regional de la Energía de Castilla y León; Enrique Cobreros, Director de AEICE, el Cluster de Hábitat Eficiente de Castilla y León

… modelos de negocio curiosamente inexistentes todavía (si no consideramos las subvenciones como modelo de negocio, cosa en la que creo que podemos estar de acuerdo). Así que la edificación viene a ser eso de cuyas circunstancias todo el mundo habla, pero raras veces habla de la edificación misma.

Mi segundo elefante, dije, es la crisis inminente que hay que empezar a gestionar ya en el sector de la rehabilitación, porque se va a tener que acometer la rehabilitación de decenas de miles de viviendas con una fuerte competencia por la mano de obra, con unos precios probablemente difíciles de mantener, y con un riesgo considerable de pérdida de calidad.

Esto lo dije sin tener conciencia plena de que la oportunidad de las subvenciones podía estar agotada ya. Si esto es así, e incluso aunque no lo fuera, ahora se hace perentoria la necesidad de gestionar esta la crisis al mismo tiempo que la transición al después, con una anticipación de dos años, con el desarrollo acelerado de unas medidas que pensábamos que habría que ir poniendo en pie, algo que en teoría íbamos a poder hacer con cierto sosiego, entre otras cosas porque todavía no está claro qué medidas habría de ser ésas. 

La realidad del momento actual es que hay que actuar urgentemente, porque dejar caer esto significará un desplome que probablemente no se recuperará jamás (iba a decir que no se recuperará en un par de décadas, pero en la evolución climática y ambiental de hoy día esto viene a ser más o menos lo mismo que nunca jamás).

Puede ser que se complementen las subvenciones por otras vías u otros fondos (fondos que serían especialmente necesarios en ámbitos de innovación o de edificios o distritos de energía positiva) pero en todo caso resulta evidente que es necesaria una gestión que tiene que ser desde la industria, con un apoyo fuerte de las administraciones, y con un contenido de por lo menos lo siguiente:

  • Una articulación de la situación de la demanda exorbitada en relación con una oferta que tiene que desarrollarse 
  • La habilitación de vehículos financieros que, preferiblemente, trascendiendo la idea de la subvención, ahonden en la línea de modelo de negocio de la rehabilitación. Los Certificados de Ahorro Energético (CAEs) pueden proporcionar la base de apoyo, pero deberán adaptarse a la edificación, y no me refiero solo al hecho de que se estime en relación con la vida útil, sino también a la diferenciación positiva de lo que una buena envolvente da… algo que de momento no está monetizado de manera diferencial, pero hay que avanzar en esta monetización, y éste es el momento

Esta atención a la demanda y a la oferta requeriría al menos:

  • Conocimiento de lo que está “en carga”, o sea todas las solicitudes, las comunidades de propietarios y los agentes rehabilitadores involucrados.
  • Afianzamiento de la seguridad jurídica
  • Habilitación del procedimiento para mantener el interés de la ciudadanía en espera
  • Garantización de la calidad de las intervenciones de rehabilitación
  • Coordinación de la capacidad de producción
  • Creación de oportunidades de trabajo de manera estable
  • Creación y desarrollo de nuevas vías financieras de transición al mercado abierto

Si, como se dice, el retorno fiscal de las subvenciones de rehabilitación es de entre dos y diez años, esto debería conducir a que los fondos públicos pudieran fluir sin fin porque, en definitiva, de lo que estaríamos hablando al final es de una financiación como mucho a diez años.

El segundo tramo de los Fondos NextGen, el que es propiamente financiación, podría utilizarse para que el Estado financiara a las comunidades de propietarios, realizando con facilidad la transición a un verdadero modelo según lo anterior, en el que la rehabilitación verdaderamente se convierte en un negocio para las familias, y no sólo por la vía del incremento patrimonial directo al que conducen las subvenciones ahora sino, de manera finalista en cuanto a resultados, por el de la valorización superior del ahorro conseguido por la mejora de la envolvente, que sugiero llamar “envolWatio”.

Llega el momento de decidir apostar por ello. La muy buena noticia es que parece que la demanda ha despertado ya. Ahora “sólo” hay que gestionarla. Entrecomillo porque el esfuerzo que hay que hacer para que no se caiga todo de golpe es tan grande como delicado.

Emilio Miguel Mitre es Colaborador Emérito de GBCE; sus opiniones -aunque probablemente compartidas, al menos en parte-  deben entenderse como estrictamente personales; también ha fundado recientemente el ámbito de discusión de la Economía del Clima Urbano formalmente denominado Urban Climate Economy para acoger más opiniones en lengua franca.