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“Debemos ser capaces de transmitir el mensaje de forma clara, profesional y objetiva, que permita entender que la descarbonización es una cuestión global”

“Debemos ser capaces de transmitir el mensaje de forma clara, profesional y objetiva, que permita entender que la descarbonización es una cuestión global”

Inés Leal, arquitecta de formación y con una amplia experiencia en cuestiones relacionadas con la sostenibilidad y la eficiencia energética en edificación, es, además socia fundadora del Grupo Tecma Red, y durante años ha dirigido los Congresos de Ciudades Inteligentes y de Edificios de Energía Casi Nula.

Embajadora del proyecto Building Life, con ella hablamos de las carencias de nuestro parque edificado, los retos de la descarbonización y el papel de los medios en la lucha contra el calentamiento global y el cambio climático.

Lograr la descarbonización del parque edificado, ¿ha de ser un reto o una prioridad?

De hecho, es una prioridad y una responsabilidad, porque el impacto que tenemos como sector de la edificación es elevado –no podemos olvidar que  en torno al 40% de las emisiones de GEI provienen del sector inmobiliario–.

El reto depende, básicamente, de un cambio disruptivo del modelo del sector de la edificación y la construcción, donde debemos tener como punto de partida la reducción de los impactos ambientales; no solamente de CO2, sino otras cuestiones como la generación de residuos o el uso del agua. Además, todo este asunto tiene una consecuencia: tenemos que actuar de otra manera a la hora de proyectar nuestros edificios. Nuestro objetivo ha de ser conseguir un parque edificado en las ciudades altamente eficiente, alimentado por energías renovables, basado en el concepto de economía circular, y poniendo el valor en el componente social de la vida de las personas. De esta manera, hacemos ese círculo con la sostenibilidad, el componente medioambiental, social y económico.

¿Cuáles son las principales carencias detectadas en el parque edificado en España?

Bueno, las cifras lo dicen todo: casi la mitad de los inmuebles que tenemos de uso residencial en nuestro país están construidos antes de 1980, esto significa que no tienen ningún tipo de aislamiento. En torno al millón de viviendas se encuentran en estado ‘muy deficiente’ o ruinoso en España, con gente viviendo en ellas en unas condiciones muy malas. El 80% de los certificados energéticos registrados están en la letra E, F o G… La primera carencia, sin lugar a dudas, sería la falta de confort de los edificios y el alto consumo de energía y de emisiones de CO2. En este contexto, la rehabilitación energética es prioritaria.

Pero creo que también tenemos otros problemas como la accesibilidad, –tan solo el 25% de los edificios son totalmente accesibles–. La gestión de los residuos, cómo integramos la circularidad dentro de los edificios para conseguir organizar nuestros residuos y reciclarlos adecuadamente, y recuperarlos.

La falta de digitalización de nuestros edificios. Hay muchas soluciones, ya probadas, que serían muy interesantes para tener edificios conectados, que sean inteligentes, que puedan medir nuestras acciones, que nos den resultados y, como consecuencia del análisis de los datos que tengamos, permitan hacer las cosas mejor.

Y las carencias en el diseño de nuestras viviendas y la búsqueda de nuevos modelos arquitectónicos y de diseños de ciudad. Creo que estamos viviendo con modelos que no corresponden al siglo XXI y a los retos que tenemos, y aquí tenemos mucho que hacer, siendo además la clave para solucionar muchas de estas cuestiones.

¿Es necesario cambiar esta forma de mirar y de entender el edificio?

Es necesario un cambio en el modo de mirar y entender nuestro edificio y su impacto. Tenemos que interiorizar que nuestra vivienda forma parte de un edificio, de un barrio, de una ciudad, un país, de un planeta… formamos parte de un todo y nuestro impacto afecta a todo el sistema. Habría que añadir al concepto de valor inmobiliario, el concepto de valor sostenible e impacto ambiental de nuestros edificios. Muchas veces no lo consideramos y creo que podría ser interesante y, creo en ello, crear una comunidad edificatoria y energética, donde trabajar y vivir de forma coordinada para reducir los impactos. Conectar los edificios para obtener beneficios comunes; tener más implicación social, más conexión, más sensibilización entre las personas… Hablamos de un mejor uso del espacio público, por delante de otros usos, como espacios para aparcar, por ejemplo. Ese cambio nos exige mucho, tenemos mucho por hacer, tal vez más que en otros países en los que ya han comenzado, pero es apasionante. ¡A por ello!

¿El sector de la construcción está comprometido con el cambio? ¿Ha notado una evolución en los agentes del sector?

Desde el Grupo Tecma Red llevo trabajando casi 22 años en temas relacionados con sostenibilidad, la energía y las nuevas tecnologías en los edificios y las ciudades y he visto una gran evolución en los agentes del sector desde el negativo, el 0, hasta ahora, cuando nos encontramos en un momento en el que los criterios ESG, los criterios medioambientales, sociales y de buena gobernanza forman parte de las estrategias de todos los gobiernos, de las empresas y de la sociedad en general. Y no sólo eso, la evolución ha hecho que lo consideremos una oportunidad incluso a nivel económico.

Y en toda esta situación, ¿qué papel juegan los medios de comunicación hacia este camino a la descarbonización?

Los medios de comunicación juegan un papel clave. Debemos ser capaces de transmitir el mensaje de forma clara, profesional y objetiva, que permita entender que esto es una cuestión global. Es una responsabilidad, pero tenemos que contribuir, porque estamos todavía en un proceso de sensibilización, que es importante continuar.

El mensaje no acaba de llegar al público en general, ¿dónde fallamos, en el mensaje, en el emisor…?

Yo creo que fallamos en todo, empezando por el mensaje, que debe partir de entes neutros o, incluso, desde el entorno político. Sería importante que la comunicación fuera coherente y se huyese del cortoplacismo, de las limitaciones a los cuatro años o de cuestiones que van variando de un año a otro.

Otro asunto sería intentar evitar la ideologización política de las acciones que es necesario llevar a cabo para cumplir esos compromisos que ya están adquiridos, que no son nacionales, y que hay que hacer sí o sí. Además, es habitual que vayamos a cosas muy concretas, cuando tenemos que ir hacia un entendimiento global de los problemas. No es cosa de un sector, sino de todos los sectores, desde la edificación hasta la energía, la movilidad, la alimentación, la cultura…

Esa ‘globalización’ del problema es lo que está faltando. Al sectorizar el mensaje, tanto por parte de los emisores como de los medios, el receptor no entiende cuál es el mensaje si no le toca el problema directamente. Por ejemplo, ahora mismo, el sector de la edificación no puede trabajar de forma independiente del sector de la energía o el de la movilidad. Debemos abordar la cuestión desde el punto de vista del entendimiento global del problema y explicarlo con transparencia para que la gente vea los aspectos reales de lo que va a pasar si no actuamos.

Ahora es un buen momento para trabajar desde un punto de vista global, con temas tan sensibles como el precio de la energía y esa reducción de la demanda mejorando la eficiencia de nuestros edificios.

La situación es adecuada. Es un buen momento para poder transmitir en ese sentido qué consecuencias está teniendo nuestra alta dependencia energética. Nos están diciendo que no consumamos energía, pero imagina un parque edificado que sea de consumo de energía casi nulo, donde tengamos unas renovables que nos puedan aportar la energía necesaria, y donde no tengamos que depender de energías fósiles externas, como pueden ser el gas o el petróleo… Un país que hubiera hecho los deberes, en este momento estaría mucho menos afectado.

Y también hay mensajes que es necesario transmitir desde el punto de vista económico. Por ejemplo, que el dinero que puedes tener ahorrado en el banco va a deflactar, va a perder valor, pero si lo inviertes en tu vivienda vas a incrementar el valor de tu patrimonio de alguna forma. Puede sonar mercantilista, pero es un mensaje que creo que hay que transmitir… Al margen de que no hay alternativa. Si no conseguimos disminuir la temperatura en esos 1,5 grados, nos va a afectar mucho.

¿Cree que conseguiremos llegar a esa descarbonización en 2050?

Yo creo que sí. Debemos pensar que la obra nueva está más o menos clara: los edificios que se construyen desde 2020 tienen que ser de consumo de energía casi nulo. La incorporación de las renovables en este tipo de edificios ya es obligatoria. Se está haciendo una apuesta con los Fondos Europeos por la rehabilitación… Cuando lleguemos a coordinar todas estas cuestiones y el engranaje se ajuste, se va a rehabilitar. No tiene sentido que no suceda de esta manera, por lo que también ahí se va a reducir. Creo que toda la investigación, la inversión, la apuesta está yendo por este tipo de cuestiones, como pueden ser materias más sostenibles, economía circular, etc. Parece que no, pero en diez años se pueden hacer muchas cosas. Y estamos hablando de 2030. A 2050, en 28 años, es mucho tiempo y nos da tiempo a hacer muchas cosas. Llegamos. No tiene sentido que pensemos lo contrario. Además, el desarrollo tecnológico es enorme y creo que va a haber cosas que nos van a sorprender.

Yo soy positiva, porque confío en que todo el mundo tiene este objetivo. Lo conseguiremos.

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